Sofía
La noche ya se ha deslizado sobre la ciudad cuando salimos de la torre. El aire lleva una frescura húmeda, casi metálica, que borra la fatiga del día. En el coche, mantengo la frente contra la ventana, fascinada por el resplandor de las farolas que pasan como flujos de oro. Siento que he cruzado una frontera invisible: esta mañana era espectadora; esta noche, soy parte de un territorio que lleva su nombre.
Elio conduce en silencio, una mano firme en el volante, la otra posada despreocupad