ELIO
La ciudad desfila bajo los faros como una bestia eviscerada, un tablero de venas negras y cicatrices luminosas que pulsan al ritmo de un corazón enfermo; cada cruce es una trampa, cada semáforo una emboscada, y aprieto el volante con tanta fuerza que mis nudillos se blanquean, aún siento la quemadura del mensaje en la palma, esa vibración fantasma que no me deja, como si la traición hubiera hecho hogar en mi mano.
La lluvia se espesa, se aplasta en rayas líquidas contra el parabrisas, difu