Sofía
Él me derriba, y rodamos en las sábanas arrugadas como dos fieras acorraladas, pero ninguno de nosotros quiere huir. Queremos el impacto, la mordida, la desgarradura. Lo siento en todas partes, en mi piel, en mis huesos, hasta en la sangre que golpea en mis sienes.
No me toca, me incendia.
Cada beso es una chispa, cada caricia una quemadura, cada abrazo una herida. Pero no retrocedo. Me estiro, me arqueo, le ofrezco mi rabia como una ofrenda.
Quería rechazarlo. Quería protegerme. Pero cu