Sofía
El mundo se desvanece. Solo hay el choque de nuestras respiraciones, el rugido de la sangre en mis sienes, la quemadura de sus manos que me mantienen como cadenas vivas. Creí poder resistirle, creí poder romperlo. Pero soy yo quien se quiebra, en sus brazos, contra su cuerpo, consumida por una fiebre que arranca mis últimas defensas.
Me arranca un gemido que odio y que quisiera recuperar de inmediato, pero ya es demasiado tarde: él lo ha escuchado, y su mirada se enciende con un brillo tr