ELIO
Cierro la puerta detrás de mí, y el silencio de la casa me envuelve. No es el silencio frío de un lugar vacío, es un silencio cargado, casi vibrante. Como si las paredes contuvieran la respiración, como si el aire mismo esperara lo que sigue.
Mis ojos se posan en ella. Sofía. De pie, inmóvil, la luz de la lámpara resbalando sobre su cabello. La mesa está puesta, la cena nos espera. Pero no es la mesa lo que atrae mi mirada. Es ella. Sus manos tiemblan imperceptiblemente, sus ojos buscan lo