SOFÍA
La habitación está bañada en una luz tenue. Las cortinas están cerradas, pero algunos destellos de la ciudad se filtran por las rendijas. Estoy sentada al borde de la cama, con las manos juntas, escuchando el sonido del agua en el baño. Cada salpicadura resuena como una puntuación en mis pensamientos.
Hace un momento, abajo, compartimos una comida casi normal. Casi. Sentí la calidez de un momento simple, como si fuéramos dos almas capaces de reaprender a amarse. Pero ahora, la ilusión se