SOFÍA
Y él me toma.
Allí.
Contra la pared empapada, caliente de vapor que se adhiere a la piedra como mis pensamientos a mi cabeza, como su aliento a mi nuca, como su cuerpo entero a lo que aún me esfuerzo por llamar el mío.
Sin preámbulo.
Sin transición.
Sin preguntar.
Solo esta voluntad cruda, irresistible, absoluta, de tenerme.
Ahora.
Completamente.
Destruida si es necesario, pero suya.
Me empuja, y mi espalda golpea suavemente contra la pared, recordándome cada segundo que ya no soy libre d