Sofía
Todo es blanco, de un blanco demasiado puro, demasiado liso, demasiado controlado para ser honesto, como si alguien hubiera intentado borrar la más mínima traza de sangre, de miedo o de verdad bajo una capa de perfección clínica, una losa helada hecha de satén, nácar y orquídeas desplegadas como excusas mudas.
La cama es vasta, cubierta de una tela marfil que ondula hasta el suelo como un río congelado en el lujo; las paredes están tapizadas de seda pálida, las cortinas tiradas con precis