Sofía
Él me levanta sin esfuerzo.
Emito un pequeño grito contra su boca, que su beso ahoga de inmediato.
Mis piernas se enroscan alrededor de su cintura.
Mis brazos alrededor de su cuello.
Y mientras camina, mientras sube las escaleras con paso firme, sin soltarme nunca, me besa. Otra vez. Otra vez.
Su boca sobre la mía, luego sobre mi mejilla, mi garganta, mi hombro desnudo.
Y mis dedos se aferran a él como si ya estuviera cayendo.
Cada escalón resuena.
Cada paso es un trueno en el sile