Elio
Ella se ha ido.
No enfadada.
No llorando.
No rota como las demás.
Solo… erguida. Presente. Viva.
Y quizás eso es lo que más me mata.
Sigo aquí, solo en esta sala demasiado amplia, demasiado fría, sintiendo la mordedura de su ausencia imprimirse en mi piel.
Su perfume aún está aquí, suspendido en el aire, en mi ropa, en mis nervios a flor de piel.
Su voz también resuena.
Sus palabras. Cortantes. Injustas. Verdaderas.
Quieres controlarlo todo.
Quieres que te acerquen, pero a la distancia que