Sofía
Me quedé acurrucada contra él.
No mucho tiempo.
Solo lo suficiente para sentir su aliento ralentizarse contra mi cabello.
Solo lo suficiente para escuchar, en el silencio, el latido limpio de su corazón contra mi sien.
Solo lo suficiente para que pensara que me había tenido.
Entonces retrocedí.
Lentamente.
Deliberadamente.
Sin brusquedad, pero con una precisión quirúrgica.
Cada milímetro ganado sobre su piel era un territorio recuperado. Una frontera que redibujaba.
Sus manos permaneciero