La noche caía sobre la fortaleza como un manto pesado. Afuera, la brisa otoñal agitaba las antorchas que iluminaban los muros y el eco metálico de las armas resonaba en los pasillos, porque todos sabían que lo que había ocurrido en los últimos días había desatado una tormenta que aún no mostraba su verdadero rostro. El nombre de Fabbio Lorenzi ya había sido mencionado en susurros, como la sombra de una serpiente que se arrastra en silencio, pero todavía no tenían la fuerza suficiente para expon