La madrugada cayó como una sentencia.
No hubo explosiones, ni alarmas, ni movimientos visibles. Solo un cambio casi imperceptible en el aire, como si el mundo hubiera decidido inclinarse apenas un grado hacia el desastre. Dante lo sintió incluso antes de que los informes comenzaran a llegar.
Zhar siempre lo sentía.
Serena dormía de forma irregular. Su respiración no encontraba un ritmo constante, y cada cierto tiempo su cuerpo reaccionaba con un espasmo leve, como si estuviera luchando contra a