El amanecer no trajo luz.
Trajo confirmaciones.
Dante llevaba horas despierto cuando el primer informe definitivo cayó sobre la mesa. No lo leyó de inmediato. Zhar no se apresura cuando sabe que la verdad ya no puede esconderse. Primero escuchó el silencio de la fortaleza. Luego el ritmo irregular de los monitores desde la habitación de Serena. Solo entonces deslizó el dedo por la pantalla.
—Confirmado —dijo Sergey, la voz más grave de lo habitual—. La interferencia no era externa. Venía desde dentro de nuestra red secundaria. Alguien tocó los filtros que protegen los datos médicos.
El aire se volvió denso.
Mikhail apretó la mandíbula.
—Eso significa que no estaba apuntando a ti —dijo—. Estaba apuntando a ella desde el principio.
Dante no respondió.
No porque no tuviera palabras, sino porque cualquier palabra habría sido una mentira. El enemigo no estaba presionando. Estaba probando. Midió tiempos, reacciones, límites fisiológicos. Y cuando vio dónde dolía de verdad, empujó sin dudar.