El amanecer no trajo luz.
Trajo confirmaciones.
Dante llevaba horas despierto cuando el primer informe definitivo cayó sobre la mesa. No lo leyó de inmediato. Zhar no se apresura cuando sabe que la verdad ya no puede esconderse. Primero escuchó el silencio de la fortaleza. Luego el ritmo irregular de los monitores desde la habitación de Serena. Solo entonces deslizó el dedo por la pantalla.
—Confirmado —dijo Sergey, la voz más grave de lo habitual—. La interferencia no era externa. Venía desde