El ataque no llegó con disparos.
Llegó con una firma.
A las 06:17, todas las pantallas de la sala central parpadearon al mismo tiempo. No fue una intrusión burda. No fue un hackeo violento. Fue una entrada limpia, elegante, casi respetuosa.
Sergey se inclinó sobre la consola, el ceño fruncido.
—No forzaron nada —murmuró—. Usaron una llave válida… o algo que la imita a la perfección.
—Eso no existe —dijo Mikhail—. No para este nivel.
Dante ya estaba de pie.
—Existe si alguien que conocía el sist