La mesa estaba servida con carnes, pastas y vinos. El ambiente era ligero, lleno de bromas y risas. Fue entonces cuando Sergei, que se mantenía en silencio, se levantó con solemnidad.
—Permítanme preparar algo especial para ustedes —dijo en un español cargado de acento—. Un postre muy famoso en Rusia.
Todos lo miraron con curiosidad mientras desaparecía hacia la cocina improvisada del salón. El golpeteo de utensilios y el aroma dulce comenzaron a invadir el aire. Minutos después, Sergei regresó