El eco de los pasos de Sergei resonaba en los pasillos de la fortaleza como un tambor lejano. No era necesario que hablara: su sola presencia imponía respeto. Cada sombra parecía hacerse más pequeña cuando él cruzaba, y aun así, cuando Serena lo presentó oficialmente, la reacción fue todo lo contrario a la desconfianza.
Iván, que rara vez mostraba emociones, sonrió de medio lado.
—Finalmente alguien más alto que yo.
Las risas brotaron de inmediato, relajando el ambiente.
—¿Qué le dieron de co