Cuando el silencio empieza a mentir
El silencio dejó de ser neutral.
En la fortaleza, ya no significaba control: significaba vigilancia. Cada pasillo, cada cámara, cada rutina había sido revisada tres veces, y aun así Dante sentía lo mismo que antes de una emboscada mal calculada: alguien respiraba donde no debía.
Zhar no se equivocaba en esas cosas.
—No hay más accesos fantasma —dijo Ekaterina finalmente—. Cerré todo lo que podía cerrarse sin colapsar el sistema.
—Entonces no está entrando —respondió Dante—. Nunca se fue.
Nadie habló. Porque todos entendieron lo mismo al mismo tiempo.
El enemigo no necesitaba volver a infiltrarse. Ya conocía los ritmos, las respuestas, los miedos. Había sembrado algo antes… y ahora solo observaba cómo crecía.
—Revisé los registros antiguos —dijo Sergey—. No los de Lorenzo. Los de antes. Hay un patrón que se repite cada vez que una organización como la nuestra cae.
—¿Cuál? —preguntó Mikhail.
—No atacan la cabeza. Atacan el eje emocional. Cuando ese ej