Sandra y Andrés permanecieron junto a su hija todo el tiempo permitido, sin soltarle la mano ni un solo segundo. Ambos parecían haberse olvidado del mundo exterior.
De pronto, la puerta se abrió y una enfermera se acercó con voz suave pero firme.
—Señor Ferrer, señora Sandoval, es hora de salir. La niña necesita descansar y los médicos seguirán monitoreándola.
Andrés y Sandra se miraron por un instante antes de asentir lentamente.
Sandra besó la frente de su hija con ternura, dejando caer una l