Justo en ese momento, Alejandro apareció en el jardín. Su presencia, imponente como siempre, llamó la atención de ambas mujeres.
Isabela levantó la vista y lo miró con sorpresa.
—Hijo, ¿tú aquí a esta hora? —preguntó, extrañada.
Alejandro echó un vistazo a su reloj y luego la miró con una media sonrisa.
—Es la hora del almuerzo, ¿no es cierto?
Isabela entrecerró los ojos y luego dirigió una mirada fugaz a Camila, quien bajó la vista con timidez.
—Sí, pero no sueles venir a esta hora…
Alejandro