Andrés caminó por los pasillos de la empresa con paso firme, aunque su mente seguía ocupada en lo que acababa de ocurrir en la oficina de Alejandro. Sabía que su primo no confiaba en él, pero eso no significaba que no pudiera manipular la situación a su favor.
Al llegar a su oficina, frunció el ceño al ver a Margaret sentada en la sala de espera. Estaba cruzada de piernas, con una expresión seria y expectante.
—Margaret, ¿qué haces aquí? —preguntó con evidente molestia.
Ella se levantó con eleg