El sol de la mañana se filtraba suavemente por las cortinas de lino blanco, llenando la habitación con una calidez serena. Alejandro abrió los ojos lentamente, y lo primero que vio fue a Camila, dormida plácidamente a su lado. Su cabello caía desordenado sobre la almohada y su espalda desnuda se asomaba entre las sábanas. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Acarició con la yema de los dedos la curva de su espalda, siguiendo el contorno con ternura.
Camila, al sentir el roce, abrió los ojos poco