El sol se filtraba tenuemente por las cortinas del cuarto de Irma, bañando la habitación con una luz cálida que contrastaba con la suave brisa que entraba por la ventana entreabierta. En la cama, Irma reía mientras sostenía una taza de té, y frente a ella, sentada en una silla decorada con cojines de colores pastel, estaba Sandra, su fiel amiga, quien parecía más feliz que nunca. Compartían una mañana tranquila, lejos de los problemas, como si ese pequeño instante perteneciera a otro mundo, uno