Adrien se encontró en su despacho junto a su padre, Eduardo. Ambos revisaban unos informes importantes, sentados frente a frente, cuando Adrien rompió el silencio.
—Papá, tengo que viajar —dijo Adrien, dejando los papeles a un lado y mirándolo con seriedad—. Me llamaron esta mañana. Hay unos asuntos en la ruta que necesitan de mi presencia. No puedo enviarlos a resolver por nadie más.
Eduardo miró a su hijo con esa mezcla de orgullo y preocupación que solo un padre podía transmitir.
—Tengo que