Al regresar a su escritorio, Miranda sintió que el alma le volvía al cuerpo. Saber que Luisa había salvado los contratos digitalmente era un gran alivio, pero la mirada intensa de Alejandro y sus preguntas sobre el pasado la habían dejado temblando.
—Gracias, de verdad —le susurró Miranda a Luisa mientras se sentaba—. Si no hubieras entrado con esa tableta, no sé qué habría pasado.
—Tranquila, para eso estamos —respondió Luisa en voz baja, dándole una sonrisa reconfortante—. Yo sé perfect