Emma sintió que el aire se le escapaba de los pulmones al leer el mensaje en la pantalla de su celular. El miedo, frío y penetrante, la obligó a mirar disimuladamente a su alrededor. A pocos metros, Miranda seguía hablando con Alejandro dentro de la oficina, y el resto de los empleados continuaba murmurando en los pasillos.
Sin pensarlo dos veces, Emma guardó el teléfono en el bolsillo de su saco y se levantó de su escritorio intentando caminar con normalidad. Salió del área administrativ