La sala de juntas de Villarreal & Asociados nunca se había sentido tan fría. El murmullo de los empleados cesó por completo en cuanto Alejandro Villarreal entró al lugar, arrastrando una pesada estela de autoridad y enojo. Se colocó en la cabecera de la larga mesa de cristal, con las manos apoyadas sobre la superficie, observando a cada uno de sus subordinados con una mirada implacable que hacía que más de uno bajara la cabeza.
A su lado, el jefe de seguridad de la empresa sostenía una ta