Antes de que la reunión terminara por completo, una de las empleadas de la mansión se acercó a Alejandro para informarle que tenían una visita inesperada.
—Señor Alejandro, hay una mujer que insiste en hablar con ustedes.
Alejandro frunció el ceño.
—¿Quién es?
—Dice llamarse Emma.
Al escuchar ese nombre, Candy y Luisa intercambiaron miradas de sorpresa.
Minutos después, Emma entró en la sala.
Miranda, al verla, quedó completamente desconcertada.
No podía creer que estuviera allí.
Se puso de pie