Las semanas pasaron y, poco a poco, Miranda fue recuperando sus fuerzas.
Las terapias habían dado buenos resultados y los médicos estaban satisfechos con su evolución. Aunque todavía necesitaba reposo y debía seguir algunas recomendaciones, finalmente llegó el día que tanto había esperado.
El doctor le dio el alta médica.
Alejandro no podía ocultar su felicidad.
Después de tantos días viendo a Miranda entre paredes blancas, medicamentos y máquinas hospitalarias, por fin podría llevarla de regre