Al caer la tarde, la ciudad había cambiado de ritmo. El tráfico era más denso, las luces empezaban a encenderse y todo tenía ese aire de final de jornada que para muchos significaba descanso… pero no para Damián.
El coche se detuvo frente al edificio de la agencia con una precisión casi perfecta. Damián no esperó más de lo necesario. Salió sin prisa, ajustándose apenas la manga del traje mientras alzaba la vista hacia la fachada. No necesitaba impresionar a nadie. Su sola presencia ya lo hacía.