15. Orgullo contra deseo
El estudio olía a tela nueva y café recién hecho. La luz de la tarde entraba en ángulo por los ventanales altos, iluminando las mesas largas donde descansaban bocetos, tijeras y muestras perfectamente ordenadas. El ruido constante de máquinas de coser y conversaciones bajas era un sonido familiar, casi terapéutico.
Meivi estaba inclinada sobre una mesa central, revisando una pieza de seda azul profundo. La tela se deslizaba entre sus dedos con la suavidad exacta que buscaba, y ella fruncía ap