Meivi lo empujó con fuerza, sin medir demasiado el gesto, más por impulso que por intención real de hacerle daño. Damián retrocedió un paso, lo suficiente para soltarla, y terminó de ponerse de pie con una calma que contrastaba completamente con lo que acababa de pasar. La miró apenas un segundo, y esa sonrisa… esa maldita sonrisa ladeada que le salía cuando sabía exactamente el efecto que había provocado.
Y eso fue lo que terminó de sacarla.
—¡Vete! —soltó, tomando la primera almohada que enco