Capítulo XXXV
Camila
Es fin de semana y estoy en casa. Pensaba llevar a los gemelos de compras… o quizá al parque, todavía no lo decido.
Mientras preparo el desayuno con Valeria, escucho sus risas desde la sala. Me gusta verlos así; sonrío. Ellos son mi mayor tesoro, la única parte de mi vida que aún se siente en paz.
—Están de buen humor hoy —comenta Valeria, sirviendo el jugo con una sonrisa.
—Sí… —respondo, observando hacia la sala—. Cuando se ríen así, parece que nada malo podría tocarnos.