Capítulo XXXIV
Maximiliano
Estoy en la oficina revisando unos documentos cuando suena el teléfono. Al ver la pantalla, aparece el nombre: tía Fátima. Suspiro con fastidio.
—¿Qué pasó, tía?
—¡¿Cómo se te ocurre hacerle eso a mi hijo?! —me grita furiosa.
—Él se lo buscó. Jamás debió traicionarme. Hice lo que debía para sacarlo de la empresa de mi padre.
—Tenerle una trampa —su voz vibra de rabia contenida—. Hacerlo firmar unos papeles donde figure como culpable de malversar fondos… y luego usar e