Capítulo XCIV
Clarissa
—¿Qué pasa hermanita?
Niego lentamente.
—No, nada, de pronto pensaba en Máximo, me pregunto cómo estará.
Maximiliano enfría la mirada.
—Hermano, Máximo es nuestro hermano —digo con voz suave, pero firme—. No debes guardarle rencor. Hemos pasado por tanto… que ya no podemos seguir cargando más odio.
Respiro hondo.
—Máximo está así por culpa de esa mujer. Ella lo envenenó, Max. Le llenó la cabeza, lo rompió, lo dañó por dentro. Todo lo que él es hoy… —mi voz tiembla apenas—