No sé cuánto tiempo pasó ni qué hora era cuando sentí que él se levantaba de la cama. Me desperté apenas escuché sus pasos y, cuando abrí los ojos, lo vi salir de la habitación.
Todavía estaba oscuro. El reloj sobre la mesa marcaba las doce de la noche.
Traté de respirar y disfrutar el momento sin pensar demasiado.
Estaba tomando el vaso de agua que él había dejado sobre la mesa cuando volvió, cargando una charola llena de frutas, sándwiches, algo de beber… y las cajas que habíamos dejado en el