Volvimos a besarnos. Nuestras lenguas se entrelazaron y nuestra respiración empezó a cortarse. Mis manos fueron de inmediato a su pantaloneta para bajarla, que era lo único que tenía puesto.
Escuché una sutil risa y me ayudó a quitársela. Yo no tenía nada puesto, solo la manta con la que me cubrí mientras él hablaba. Una parte de mí había olvidado que estaba desnuda.
—¿Cómo te sientes? ¿Te duele algo? ¿No sientes que es muy pronto?
Negué rápido con la cabeza.
—Me siento muy bien. ¿Por qué? ¿Cóm