El agua tibia resbalaba por mis dedos mientras enjuagaba los platos. El aroma a jabón de vainilla flotaba en la cocina, mezclado con el leve perfume de eucalipto que Leon solía rociar antes de salir. La casa estaba en silencio, como cada mañana después de que ellos se iban. Me gustaba así. Me daba la ilusión de estar sola, pero cuidada. Protegida. Amada.
Nuestra rutina ya era parte de mí. Cada uno de ellos salía en horarios distintos, pero antes de irse, todos pasaban por la cocina para besarme