El calor de su cuerpo aún me envolvía cuando Roman se apartó bruscamente, jadeando como si le faltara el aire. Su mirada, oscura y llena de tormento, buscó la mía como si intentara descifrar lo que pasaba por mi cabeza, aunque ni siquiera yo lo sabía con certeza. Solo sentía que, si volvía a entregar mi cuerpo, corría el riesgo de ser usada una vez más solo para saciar sus pasiones.
Yo quería más que eso. Quería que lo nuestro trascendiera la carne. Y, aun así, no podía negar que también deseab