Siete años es tiempo suficiente para que el mundo olvide una tragedia, pero para Nikolai Volkov, fue el tiempo que utilizó para construir una prisión digital para sus enemigos.
En el último piso de la Torre Volkov, que se alzaba imponente en medio de la jungla de asfalto de Manhattan, Nikolai permanecía de pie, observando su reflejo en el ventanal de cristal antibalas. Nueva York, allá abajo, parecía un circuito electrónico pulsante, y él era el arquitecto que sostenía el interruptor principa