Esa mañana, el comedor de la mansión Volkov se sentía más silencioso pero, al mismo tiempo, más íntimo. La pálida luz del sol invernal se filtraba a través de los grandes ventanales, reflejándose en la cubertería de plata pulida y la porcelana blanca meticulosamente dispuesta sobre la mesa. Elena y Viktor habían partido hacia Moscú al amanecer para encargarse de asuntos urgentes del clan, dejando a Nikolai como el único señor de la casa.
Nikolai estaba sentado a la cabecera de la mesa, con An