El teléfono sobre la mesa de mármol vibró, rompiendo el silencio de la espaciosa habitación de Anna. El nombre "Padre" parpadeó en la pantalla, provocando un destello de odio frío en los ojos de Anna antes de que ella adoptara su máscara vocal más obediente. Deslizó la pantalla, permitiendo un momento de silencio antes de saludar al hombre que planeaba destruir.
—Padre —saludó Anna, con voz suave tapi sin emoción real.
—¿San Petersburgo, Anna? ¿Ya estás allí y apenas me entero ahora? —La voz