El ambiente en el centro de Manhattan esa tarde era bullicioso. Nikolai y Anna caminaron desde un estacionamiento cercano a un supermercado hacia una joyería de lujo. Varias cabezas se giraron para observarlos; parecían una pareja de modelos con sus abrigos de cuero contra el telón de fondo otoñal.
—Te dije que hubiera sido mejor pedirle al diseñador de joyas que viniera a la mansión. No necesitábamos pasar por la molestia de venir a la tienda de esta manera —dijo Nikolai, acelerando el paso.