Capítulo 11. Candidata rechazada.
Me disponía a ir a la terraza de cristal para desayunar, intentando ignorar la tensión que se había instalado en cada fibra de mi cuerpo desde que me mudé a este incomodo lugar.
La mansión era mi cárcel, y Lucas y Nora eran mis carceleros, pero yo debía pretender normalidad.
Me vestí con la ropa que Violet me había obligado a usar: una falda beige y una blusa elegante que me hacían sentir como una muñeca vestida para un escaparate.
Mientras caminaba por el ala principal, la paranoia se agudizó.