Capítulo 67. El Juego de la Seducción Silenciosa
Dos largas semanas después de su juramento a Aura, Ramiro se había sometido a un castigo físico diario. El dolor en la rehabilitación era su ancla, y su voluntad de cumplir la promesa era el motor que lo impulsaba. De la clínica de fisioterapia, donde el Dr. Selig lo empujaba hasta el límite, Ramiro acudía al gimnasio para mantener el resto de su musculatura, transformando la pena en acero.
Esa tarde, la música en el gimnasio era un pulso bajo y constante, y el aire estaba denso con el olor a m