Capítulo 65. El Juramento en el Silencio.
Los pasillos del Argus, con su monótono aroma a antiséptico y su luz blanca y obstinada, se habían convertido en la única geografía que Ramiro podía tolerar. Era el último reducto de Aura, el único lugar donde podía sentir que aún le pertenecía. Día tras día, el mundo exterior, el departamento convertido en cuartel general de Lía y Elvira, parecía una realidad prestada y distante.
Se sentó al borde de la cama, repitiendo la única disciplina que lo mantenía en pie. El bip-bip-bip constante del