Capítulo 32. El Clamor por Vesper
El rugido del motor cortaba el silencio de la noche mientras Ramiro aceleraba. Matías, que había entrado apresuradamente, aún se acomodaba.
—¡Cálmate! ¿Me puedes decir adónde vamos y por qué me has dejado plantado con una mujer hermosa y una niña en medio del Paseo del Canal? ¿Y quién es esa mujer?
—Esa mujer… es mi fisioterapeuta. Y es mucho más que eso.
—Sí, ya vi que es ‘más que eso’. ¡Tiene una hija! ¿Y qué? ¿Eso merece este pánico? Pareces haber visto un fantasma.
—Eso es lo que quiero ave