Capítulo 31. El paseo nocturno.
Ramiro ajustó el cinturón de seguridad en su coche. La escapada había sido un éxito, aunque sabía que mañana su madre le haría pagar el desplante.
El coche se detuvo frente al elegante edificio de apartamentos de su amigo, Matías. Ramiro apenas había bajado del vehículo cuando Matías ya estaba en la acera, sonriendo con su habitual desenfado.
—¡El fugitivo! Pensé que te dejarían encadenado a la mesa de los postres —bromeó Matías, abriéndole la puerta.
Subieron al espacioso loft de Matías. Este