Capítulo 20. Un aroma tóxico
La cercanía era tanta que Aura podía sentir su aliento cálido en su frente, y él, inevitablemente, inhaló algo.
Ramiro acercó su rostro un milímetro más, su nariz casi rozando la sien de ella. Y en ese instante, lo sintió.
No era el perfume "Aura", neutro, limpio y ligeramente antiséptico, que siempre traía consigo. Era un rastro extraño. Un eco que no encajaba. Era un olor cargado de oscuridad y descaro, que él había creído conjurar de su memoria.
Ramiro se quedó inmóvil. El destello que cruzó