Freya apenas sintió el vértigo antes de que todo se volviera borroso. El grito de Laia rompió el beso que Kate le estaba dando a Axel.
—¡Freya! —exclamó Laia, impresionada y aterrada.
Si no hubiera sido por la reacción rápida de Axel, la castaña habría terminado desplomada contra el suelo. Nadie tuvo que decirle nada; por puro instinto, Axel la sostuvo entre sus brazos, procurando el mayor cuidado posible para proteger la prominente panza de Freya. La levantó con firmeza, sintiendo el peso de l